AGOSTO 2011 – Niñas

Niñas – Jimena Néspolo y Marta Vicente

Pilar, Tamara, Hannah, Justina, Madai, Selena… Más que nombres son relatos, pequeñas estampas de niñas que se resisten a crecer. Una vive de noche, otra es compañera de lobos, hay quien destripa muñecas o camina en puntillas por la China medieval. Como si renegaran de la alegría y la promesa que los adultos observan en la infancia, estas niñas parecen vivir una pena extraordinaria y en esa tristeza sentirse únicas. Postales de niñas que cuentan brevemente su historia, o el obstáculo que deben sortear o con el que deben vivir. Textos sutiles y efímeros acompañados por delicadas ilustraciones a lápiz en las que marcan cada trazo, como si se viera el alma de cada niña.

PRENSA

Hay libros extraños, y Niñas es uno de ellos.

En un primer momento no parece más que un libro bonito; sin embargo, después de una primera hojeada, es difícil borrarlo de la memoria.

A manera de álbum de estampas, resulta un tanto perturbador y dispara la imaginación en varias direcciones, como por ejemplo: que este pequeño objeto oscuro bien pudo pertenecer a un coleccionista que se quedó embelesado por la tristeza y soledad que transmiten las niñas retratadas. O también es fácil imaginar que alguien lo encontró en el ático desvencijado de una mansión victoriana o, incluso, que los personajes de la obra emergen desde las paredes tapizadas de esa casona cada vez que se pasan las páginas.

La contratapa menciona que se trata de pequeñas estampas de niñas que se resisten a crecer. También entonces podía tratarse de uno de esos curiosos álbumes post mortem, tan comunes a finales del siglo XIX, en los que se retrataba a los muertos como si estuvieran vivos.

Así, cualquiera que sea el paisaje literario que se dibuje en la mente del lector, o la evocación a la que lo lleve el paseo por estas páginas, es casi seguro que se tratará de un viaje placentero.

Los textos, a cargo de Jimena Néspolo, son pequeñas estampas -a veces narrativa, a veces prosa poética- con un toque efímero, vago y ambiguo que lleva la imaginación del lector a merodear por los mundos esbozados por Marta Vicente en sus ilustraciones.

Niñas destripadoras de muñecas, niñas de piedra, niñas del cementerio. Niñas de lobos, niñas gemelas, niñas de animales. La galería de personajes bien pudiera parecer siniestra, pero no lo es. Son sólo niñas tristes, hermosas, solitarias y fantasmagóricas. Una es propiamente niña fantasma; no obstante, el álbum da la impresión de retratar apariciones que, negándose a crecer, se quedaron suspendidas en el tiempo (efecto logrado mediante los rostros difuminados que emergen desde el papel tapiz y por las tonalidades en blanco, negro y gris, con toques de rojo que son los que predominan).

Hay temas que los adultos hablan en voz baja cuando hay niños presente, y la tristeza es uno de ellos. Es como si se pensara que bajando la voz, el niño quedará fuera de esa realidad, pero, ¿no sería más prudente darle elementos que lo ayuden a sobrellevar situaciones tristes? Los libros, como todo arte, siempre han sido buena opción para acercarse de manera creativa y simbólica a esas temáticas difíciles para los adultos. La tristeza no es mala, simplemente es y no hay que esconderla.

Afortunadamente cada día hay más editoriales que se animan a publicar historias o narrativa que rompe con lo “políticamente correcto” dentro del ámbito de la literatura infantil, y eso se agradece porque refresca el panorama.”

El economista (México)

Oscuro y encantador, este libro es una suerte de galería y relatos sobre niñas. Hannah, la viajera; Madai, la de los pies pequeños; Tamara, la coleccionista de huesos de muñecas; Pilar, la niña de los gatos. Nombres corrientes para personalidades misteriosas que hasta rayan con lo siniestro. Cada una presenta un perfil, una estampa, una historia con un sello gótico. Un libro que rompe con los lugares comunes y los mandatos del género infantil.

(Tiempo Argentino)

 

Raras e inolvidables.

Pípala, la colección de literatura juvenil de Adriana Hidalgo Editora, busca un camino de excelencia para su fondo editorial, que ahora vuelve a confirmar con este libro-objeto tan especial: Niñas. Los bellísimos textos de Jimena Néspolo, oscuros y tristes como las once protagonistas de los cuentos, tratan sobre historias muy distintas de las habituales, pero cualquier niña o cualquier mujer se reconocerá en ellas. Como ocurre tan a menudo en los libros para chicos y jóvenes, las ilustraciones perfectas de María Vicente son el otro “texto” que hay que recorrer para entender a Hannah la viajera, a Tamara la coleccionista de huesos de muñecas, a Pilar la niña de los gatos y a todo el resto del elenco. Un universo misterioso y femenino en el que vale la pena internarse.

(ADN)

Y mañana serán mujeres

Un libro de cuentos, relatos breves. No, mejor, un libro de retratos. Galería tenebrosa y elegante de niñas, que de existir el Reino de las Hadas, el reino florido y espumoso de las hadas, ellas habitarían el territorio opuesto. Exiliadas. Pero territorioigualmente suspendido en la fantasía y en ese sopor de los miedos infantiles, en la misma sintonía de imaginación desbocada, esta vez en tonos góticos, en la gama del negro de la noche y con detalles rojos en los labios, el rojo de la sangre. Se trata de una inquietante colección de personalidades obsesivas, o por lo pronto detenidas en alguna obsesión. Los gatos, el bosque, la costumbre china de vendar los pies para que crezcan pequeños, los lobos, el trabajo en la granja. Cada niña aparece dispuesta como cuadro de una exposición sobre una textura que simula un empapelado, lleva un nombre y una pequeña leyenda que aclara su sentido: la niña de los fantasmas, la niñas mística, la niña de los lobos. Cada una se define por alguna idea fija, entre la condena y el capricho. La contratapa dice que son niñas que se niegan a crecer. Pero quién sabe, inquietante mausoleo de ideas que rondan la infancia y que más tarde resucitarán en otra cosa.

Estos personajes dibujados por María Vicente tienen la cabeza más grande que el cuerpo, habitan en un escenario propio de cada una, donde las proporciones se han desequilibrado ligeramente, miran todas hacia los espectadores que abren este libro, mientras a su vez parecen estar interesadas en otra parte. Tal vez, mirando con atención, todas tengan casi los mismos ojos. Pero tal vez sea una ilusión óptica, una ilusión que el viaje por este museo viviente provoca.

La que destripa muñecas, la que vive en el cementerio, las gemelas anagramáticas, la que viaja y ha aprendido a perderse. Pilar, Tamara, Hannah, Madai, Serena, Justina. No hay lógica en los nombres. Nombres de aquí, nombres menos corrientes. Difícil hallar un vector que una a estas chicas más que el punto de vista de quien las reúne para espanto y celebración de lo no corriente. Porque enfrentemos la evidencia: no son niñas comunes, son seres extraordinarios, frutos de la invención que no se asusta por nada.

Uno de los dilemas de la literatura infantil ha sido y seguirá siendo cómo suspender el dedo índice en alto, la obligación moral de dar una enseñanza, la necesidad de guiar que tienen los adultos. Este libro consigue en gran medida sortear ese destino. Las niñas retratadas aquí no son modelos de niñas para nadie. Ni tampoco lo contrario. Mariposas clavadas con el alfiler de un texto literario, transitan por todos los géneros. La poesía, la crónica, la biografía, el cuento, el retrato. Si bien pertenecen a geografías reconocibles y distantes, no se trata tampoco de un libro destinado a generar en los pequeños el amor por los continentes, ni la diversidad étnica. Las biografías no son todas historias de vida, a veces se detienen en un elemento del paisaje, como si la propia narradora o relatora, Jimena Néspolo, no hubiera podido sustraerse a esta pasión por la digresión que propone la serie. Un libro bello, sin mensaje, sin más pretensiones que perderse en las posibilidades que la imaginación trae.

(Página 12)

Calíope Libros te ofrece:

  • Niñas – Jimena Néspolo y Marta Vicente: Editorial Adriana Hidalgo, Colección Pípala. Tapa dura, nuevo, $70

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