SEPTIEMBRE 2010 – La madriguera – Franz Kafka

Éste es quizá el último relato de Kafka y el más extenso luego de La metamorfosis. Escrito en Berlín, durante un invierno de autoexilio, tuberculosis y vaivenes emocionales, forma parte de sus mejores fábulas. La transformación que de algún modo había empezado con Gregorio Samsa llega aquí a su paroxismo.

Traducción y Posfacio: Ariel Magnus| Introducción: Martín Kohan

Fragmento

He instalado la madriguera y parece estar bien lograda. Desde afuera sólo resulta visible un gran agujero, pero que en realidad no conduce a ninguna parte, y ya después de un par de pasos uno se choca con piedra firme por naturaleza. No quiero jactarme de haber ejecutado este truco adrede, más bien era el resabio de uno de los muchos vanos intentos de construcción, pero al final me pareció ventajoso dejar este único agujero sin tapar. Claro que algunos trucos son tan sutiles que se anulan a sí mismos, eso lo sé mejor que cualquiera, y seguro que resulta audaz advertir, mediante este agujero, la sola posibilidad de que acá exista algo que valga la pena ser investigado. Pero me desconoce quien cree que soy un cobarde y que sólo por cobardía construyo mi madriguera. A unos mil pasos de este agujero se encuentra, cubierto por una capa de musgo levadizo, el verdadero acceso a la madriguera, tan a  esguardo como puede estarlo algo en el mundo, aunque claro, alguien puede pisar el musgo o patearlo, mi madriguera queda entonces al descubierto y el que tenga ganas –si bien para ello se precisan, cabe aclarar, ciertas habilidades no del todo frecuentes– puede infiltrarse y destruir todo para siempre. Bien lo sé, y mismo ahora, en su apogeo, mi vida casi no tiene una hora de completa tranquilidad, en aquel sitio, allá en el oscuro musgo, soy mortal, y a menudo en mis sueños un hocico lujurioso husmea incesantemente los alrededores. Se pensará que yo podría haber rellenado de verdad este agujero de entrada, arriba con una fina capa de tierra compacta y abajo más suelta, de modo que no me costara mucho esfuerzo alcanzar la salida cada vez. Sin embargo, esto no es posible, precisamente la precaución exige que yo tenga una posibilidad de escape inmediato, precisamente la precaución exige, como por lástima tan a menudo, poner en riesgo la vida. Todos estos son cálculos verdaderamente fatigosos, y la autosatisfacción de la mente perspicaz es a veces la única razón para seguir calculando.

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  • La madriguera – Franz Kafka. Editado por La Compañia Editorial. 106 páginas, 2009. Libro nuevo. $53

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